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Entradas

Reina del mundo entero

Su pequeñito espacio se agigantaba cuando un libro caía en sus manos. Empezaba desde la primera página a recorrer lugares, conocer personas, enamorarse de unos amantes impensados. Era la reina de mil países cuyas fronteras se expandían o contraían a su antojo. Innegable e indudablemente, el universo entero entraba por sus ojos y era de ella, por completo, el mundo cuando leía.

Breve reflexión subjetiva sobre el amor

Cuando amamos intensamente aprendemos a corrernos para dejar espacio. A veces tenemos que irnos y esperar de nuevo que nos llamen. Con seguridad ese llamado vuelve y con certeza cuesta y es larga la espera. Cuando queremos bien es preferible doblar bien chiquitito el orgullo y guardarlo en algún lugar donde no se note y que sea de difícil acceso, para no tenerlo a mano y sacarlo en el momento menos preciso. Si el amor que profesamos es verdadero y presume de infinito, es necesario salvaguardarlo de ataques de ira y conservarlo en un frasco lleno de paciencia, bien tapado y en lugar fresco. Si tenemos la certeza de que ese amor es único, irrepetible y para siempre, debemos saber que tendrá días buenos y muchísimos malos, casi que pueden parecerse al odio, y no perder de vista que, aunque creamos que nuestro amor es inconmensurable , no puede medirse ni pesarse ni compararse. Nadie ama igual; se ama y se deja huella, única como huella dactilar. Así, sin más, si...

Retrato ciego

Fría, distante, soberbia. Como por encima de todo y de todos. Tu rostro lo demuestra. Tu nariz recta, firme, contundente. O tus manos lánguidas, suaves y filosas, todo al mismo tiempo, tomando las cosas y la vida con liviandad y cuidado, como si fueras a quebrarte una falange. Fina y tierna falange. Y eso que hoy no voy a hablar de tus ojos, que sino... Tu cara perfecta, angulosa, enmarcada por unos pómulos bien delineados. Huesos fuertes que en tu maxilar ya advierten la fortaleza del carácter.  Labios en rictus eterno de odio, pintados a fuego de rojo furioso. Engañan al besar, pero bien vistos traslucen una maldad que no se esmera en esconderse. Y eso que no quiero hablar hoy de tus ojos... Cubriendo todo tu rostro sin igual, tu piel. Piel de porcelana. Volátil, etérea, blanca, blanquísima, trasparente, traslúcida... deja ver tu orgullo ahí, a flor de piel, de esa piel suave e inversamente proporcional a la acidez de tu alma. E insisto que hoy no ...

Esta vez es por #SantiagoMaldonado

Pocas cosas deben ser tan paralizantes como no saber dónde está tu hijo. Solo se me ocurren dos más. Siempre tengo ese pensamiento, esa sensación, egoísta seguramente, cuando desaparece algún pibe o alguna piba, porque me imagino en esa situación, tan temible que tengo que cerrar los ojos y sacudir la cabeza para sacarme la idea de la piel y de las entrañas. No se trata, para mí, de qué opinión o postura política hablemos, defendamos o se mezclen en esta historia que nos convoca hace un mes, sino lisa y llanamente de empatía y solidaridad. De algo básico: saber dónde están los hijos, o cualquiera de las personas que queremos y cuidamos. Nada más, sencillito es el tema, quiero que aparezca #SantiagoMaldonado, en lo posible con vida y en una playa del Caribe.

Ruido de furia

Sueño. Calor. Humedad. Lluvia. Rayos. Truenos. Ruido. Mucho ruido.  Caos. Paraguas. Pilotos. Carteras. Codazos. Mal humor. Furia imparable como la lluvia. Autos. Muchos autos. Bocinas como relámpagos. Bocinazos de hartazgo. Ruido. Más ruido. Resbala todo y no fluye nada.  Caídas y empujones.  Lluvia que moja y desampara. Gritos que los truenos no callan. Tristeza que el agua no calma. Ruido. Ruidoso ruido.  Viernes en la ciudad. Oscura ciudad que no quiere terminar de amanecer. Buenos Aires, tan susceptible. Hoy más que nunca, Baires, la ciudad de la furia.

Había una vez

Lejos, muy lejos, en un reino muy, muy lejano, había una vez que esta mujer fue también una niña...  Ayer, tercer domingo de agosto de 2017, se festejó el Día del Niño en Argentina, mi país. Mis hijos y sobrinos abrieron sus regalos. Regalos que, ellos no saben, son efímeros, concretos, mortales, finitos. Los miraba con sus caras felices, de sorpresa inocente e intenté pensar qué me pasaba a mí en esos festejos lejanos. No pude recordar muy bien ningún regalo que me hubiera impactado tanto como para tenerlo presente después de tantos años. Entonces pensé que hoy, ahora, con más de cuarenta me gustaría un solo regalo: volver a ser niña una vez, solo una vez más para volver a esas sonrisas. Pasar de nuevo por la inocencia. Recordar cada travesura. Congelar los momentos plenos.  Hacerme chiquita para mirar la vida siempre desde abajo, para cubrirla de expectativas, para que sea de ahí y siempre hacia arriba. Volver una tarde a la casa de los abuelos, a la merienda c...

Silencios

Ausencia de sonido. Ironía de la sinceridad. Ecos mudos de furia. Palabras agolpadas en la garganta. Silencios formando nudos retorcidos, duros, intrincados nudos que se hacen odio. No siempre otorgan, muchas veces faltan, pocas veces sobran. Silencios que nunca callan. Enemigos crueles de amistades eternas. Silencios mal empleados. Perfección inacabada de brutal honestidad. Silencios que borran huellas,  ocultan el pasado y heridas mal curadas que es preferible olvidar.