Y un día, todavía no sé muy bien cómo ni cuándo, la idea de tatuarme se me presentó palpable y tangible en mi cabeza. Como un coágulo que se estanca en el cerebro y produce severos trastornos, la idea del tatuaje se hizo cada vez más pronunciada y feroz. No es gran cosa, seguramente que no. Pero para mí, con casi cuarenta y tres primaveras (con sus otoños e inviernos incluidos) fue trascendental. Como todo, los tatuajes también tienen su lado positivo y su lado negativo. Lo malo es que a esta avanzada edad los miedos se hacen carne. Tenemos miedo del miedo, temor del dolor. Una sabe que está cerca de algunas cuestiones que no pueden escindirse del dolor, físico o del espíritu, y prefiere mantener alejado todo momento de exposición innecesaria a los pesares. Lo bueno es que, después de más de cuatro décadas transitando la vida, terminamos conociéndonos bastante mejor que hace veinte años atrás. El tatuaje, entonces, es más defin...
Escribo porque me libera y me sana. Porque soy más yo en cada palabra. Porque cuando en la vida me pierdo, escribiendo me hallan.