No logro recordar exactamente cuándo decidí hacer de mi vida una carrera sin escalas para cumplir un único objetivo. Tal vez la muerte de mi hermano, antes de su propio nacimiento. ¿Hay algo más absurdo que morir antes de nacer? O quizás la agonía larga de mi anciano abuelo, que falleció a los noventa y cinco años, luego de padecer durante cinco una enfermedad terminal. ¿No es irónico también? Vivir espléndidamente durante tantos años, para luego agonizar con una enfermedad incurable. Podrían haber sido cualquiera de las dos opciones, sumadas a otras tantas muertes que ocurrieron desde mi infancia y se fueron sucediendo a lo largo de mi vida, hasta hoy. Pero sin dudarlo, lo que determinó mi carrera desesperada para cumplir mi fin fue una cita de Aristóteles que leí cuando tenía catorce años, y que ya no recuerdo cómo llegó hasta mí. Ella decía: “El hombre es su deseo”. Pues, mi deseo desde que tengo uso de razón fue, nada más ni nada menos, que no morir. Vencer a la ...
Escribo porque me libera y me sana. Porque soy más yo en cada palabra. Porque cuando en la vida me pierdo, escribiendo me hallan.