Ir al contenido principal

Te busco

Te busco
En cada rostro
En los números 
En las palabras que no se dicen

En la probabilidad
De lo improbable 
Sin ninguna probabilidad
De hallarte ni verte. 

Te invento entonces
Una forma, unos modos
Una mirada
Un beso único e irrepetible.

Y a veces no te busco más 
Te creo como un Golem
Mi Frankenstein personal
Que no daña pero tampoco ama.

Inventado a mi gusto
Camino calles de tu mano
Río tus risas mudas 
Calmo tu dolor inventado 

Me convierto en tu todo
Comparto mi todo con vos
Me parto si pienso
Si huelo la realidad.

Pero la verdad se mete siempre
Se cuela en las distancias 
Impiadosa y certera 
Se lleva siempre la ilusión.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El árbol

Me gusta recostarme sobre la hierba y contemplar el cielo a través del follaje de nuestro árbol del bosque.  Recordar las promesas, las caricias, las risas y los sueños de los que él fue testigo.  Buscar y encontrar las iniciales que grabamos a cuchillo en su tronco macizo.  Sentir que cada una de sus hojas y yo sabemos bien que, recordándote, sigues aquí conmigo, aunque tu cuerpo ya se haya ido. 

Luna de sangre

Eclipse de sangre llaman al momento en que la luna pone su cara ardorada, roja de ardores nocturnos, de intentar infructuosamente que su amado sol pase, alguna vez, una noche junto a ella.  Los lobos aúllan su llanto, pero el rey Febo aún no quiere darse cuenta.

Un extraño día en julio (#RetoLesTodes #RetoBurdick)

Encontrarnos después de tantos años fue mágico. En verdad, mágico fue reconocernos después de tres décadas. Mis canas, la tintura de su pelo, mi panza de cuatro décadas, su sonrisa marcada por una vida. Tan fuera de contexto, tan lejos de nuestra infancia y sin embargo, ella dijo "Nachi" y el tiempo retrocedió velozmente hasta nuestras vacaciones de invierno en la posada de Gualeguaychú, frente al río. El escenario que nos reunía era bien distinto. Nos cruzamos en la inefable Buenos Aires y su caos de viernes al mediodía. La city porteña, cargada de hombres de traje y corbata y cuello almidonado, no fue testigo de nuestras miradas y nuestra nostalgia, porque toda su gente miraba en otra dirección y sus mentes divagaban —seguramente— entre números y el cambio bursátil. Me paré, la miré, me abrazó. Siempre fue así, ella decidida y relajada, yo algo más lerdo y quedado. Le devolví el abrazo, de escasos segundos e infinitas añoranzas. Raquel me pasó la mano por ...