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Vías

Cuando chica pensaba que las vías del tren eran infinitas y los trenes, que traqueteaban sobre ellas, te acercaban a cualquier parte. Será porque con ellos yo viajaba desde mi ciudad a casi todos los lugares de mi pequeña realidad infantil, que era mi mundo entero. La vida siempre me ató a las vías. Siempre estuve cerca de ellas. El "quetrén quetrén" es parte, indefectiblemente, de mis ruidos cotidianos. Mi sistema auditivo se ha adaptado y los ha adoptado como parte integrante de mis oídos. Con el tiempo aprendí que las vías no se cruzan ni son infinitas. Alguna vez el fin de una de ellas fue la muerta misma, mostrando la cara de la desidia y la vergüenza de no saber o no querer evitar una tragedia. Igual, sigo creyendo que los trenes, vías mediante, acercan almas y acortan distancias y pesares.Sigo extrañando la inmensidad de vías que llegaban a los puntos más remotos de mi enorme p...

Noche de lluvia

Noche de lluvia contundente, cerrada. Abnegada lluvia que limpia las veredas y algunas almas. Lluvia que dejará mañana ventanas sucias de gotas secas, como mejillas con llorosos surcos de rimel. Agua que desciende profusamente desde el cielo para ablandar la tierra. Y en esta noche de frío, de paso, amansa algunos corazones. Lluvia, piadosa lluvia. Infinita y mágica. Necesitada y también temida. Llora, cenit nocturno, tus lágrimas de lluvia.

Sin rencores

Pocas cosas me unieron a mi padre. Una de ellas fue nuestro gusto por la lectura. Siempre pensando en cuestiones genéticas, creo que esa parte vino en los cromosomas que él me aportó.  Recuerdo que el día que le conté que me había anotado para cursar la carrera del Profesorado de Lengua y Literatura, esbozó una sonrisa. Días más tardes me hizo heredera de la colección de revistas literarias de “Leoplán”. Fue algo simbólico, yo había leído más de la mitad de esa colección en mis veinticuatro años. De todas maneras, cuando él falleció, encontré una vieja caja de madera que había contenido la primera aspiradora de mi mamá y que estaba arrumbada en el galponcito del fondo de casa. La lijé, le pinté unos girasoles (no sé por qué los girasoles, quizás porque giran al ritmo del sol, de la vida) y guardé todas las revistas ahí. La caja de los girasoles viajó conmigo en cada mudanza desde que me fui de la casa de mis padres. Creo que además de los cromosomas literarios, esas revistas ...

Charlita filosófica

—¿Qué sucedería si un día me canso? —dijo Amor. —Se acabaría la poesía —contestó una Musa que canturreaba en el salón. —Y las relaciones entre las personas, la fe y la paz —replicó Esperanza. —Tendría demasiado trabajo —reclamó Tristeza. —¿Y qué pasaría si un día soy yo la que se cansa? —intervino la Muerte esbozando una sonrisa, mientras limpiaba su guadaña recientemente usada. Todos callaron y volvieron prontamente a sus labores señaladas.

Día del escritor

Día del escritor en la Argentina. ¿Cómo hubiera pasado mi infancia sin Maria Elena Walsh? ¿Cómo habría sido mi vida sin los cuentos de Borges? ¿Qué pobres hubieran sido los días sin los poemas de Alfonsina o la tristeza hecha palabra de Pizarnik! ¿Cuán aburridos serían los días sin los policiales de Pigna, Los túneles de Sábato, Flores sin Dolina? Nunca habría entendido certeramente la pasión futbolera sin los relatos de Sacheri, ni la vida pesada de la clase acomodada de los countries que me contó Claudia Piñeiro a través de sus Viudas . ¿Cuán cerca de la tierra viviría sin Rayuela ? ¿Cómo funcionaría mi cabeza sin los escritores que me acompañan desde piba, cada día, cada noche, en cada minutito que tengo para poder leer?  Apasionadamente enamorada de la Literatura en general, rendida ante la Literatura Argentina en particular.

Perturbación

I mperturbable descendió calles sin fin; arriba abajo, abajo arriba.  La estación gris, hasta silenciosa.  De pronto, entre él y la nada una cabellera roja, incandescentemente roja.  Subió al vagón detrás de ella, corrió detrás de ella...  La perdió.  Tenía que volver a ver ese color, ese ondular del cabello al viento.  Corrió, empujó cuanto ser se interpuso en su carrera, y al fin la vio. Allí estaba, del otro lado del cristal sucio de dedos y desesperación.  Tenía que alcanzarla.  Cruzó la puerta segundos antes de poder perderla para siempre.  Otra vez corrió, esta vez escaleras arriba.  Con todo su ser corrió.  Y allí, afuera, donde se eleva el monumento sin sentido de la ciudad, volvió a tenerla cerca, volvió a sentir su roce de fuego.  Tan cerca, que pudo oler el carmesí de esos cabellos.  Aspiró hondo, se llenó de esa preciada melena.  Y respiró aliviado, entregado....

Sol de otoño

Este solazo nos saluda todas las mañanas, camino al colegio, mientras cruzamos las vías del tren.  Nos carga de energía para el largo y sinuoso día y sabemos que tenemos que aprovecharlo porque en esta época y en este hemisferio se esconde prontito.  Amo el sol otoñal, tibiezón y perezoso.  Durante el verano, lo imagino con pocas ganas de irse, como cumpliendo un mandato universal del que, definitivamente, es imposible escapar. Con ganas y ahínco de cumplir y jugar su rol de calentar y hasta recalentar los días eternos, largos, duraderos. El sol en otoño arranca con períodos de sueño que nos obliga a nosotros a soñar más también. Para luego, en el invierno, condenarnos a su ausencia prolongada, a una lejanía que solo se combate artificialmente, prendiendo luces y estufas; reemplazando su energía limpia y pura por otras sucias y mentirosas. Renace y empieza a posicionarse en su calidad de rey, llevando de la mano a la primavera, empezando a brillar al...