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Mostrando entradas de mayo, 2018

Charla filosófica

—¿Qué sucedería si un día me canso? —dijo el Amor. —Se acabaría la poesía —contestó una Musa que canturreaba en el salón. —Y las relaciones entre las personas, la fe y la paz —replicó la Esperanza. —Tendría demasiado trabajo —reclamó la Tristeza. —¿Y qué pasaría si un día soy yo la que se cansa? —intervino la Muerte esbozando una sonrisa, mientras limpiaba su guadaña recientemente usada. Todos callaron y volvieron prontamente a sus labores señaladas.

La piel

La piel.  La más extensa, la más intensa, la que conjuga los cinco sentidos. Niña caprichosa, no entiende de tiempo ni de rutina ni de lealtad. La piel,  pura química que explota, que provoca que se desboca con tu boca. No mide daños, no razona, no explica,  ni se explica. Piel  que no perdonas y si te aburres,  abandonas. Y mudas a otras pieles, a otros quereres que te hagan sudar, vibrar, s oñar. Y vuelves a empezar tu derrotero adictivo, hasta que  encuentras de nuevo, esa otra piel  que te enloquece que te apasiona que tuerce tu destino que huele el placer que mira con mil ojos que sabe a redención       que escucha al corazón.

Sintaxis de lluvia

Hoy.  Martes.  Gris. Yo. Tus ojos negros. La ciudad y tu mirada, oscuras. A punto de caer otra vez gruesas e incesantes gotas del cielo. A punto de llorar las nubes negras  como palabras esdrújulas largas, acentuadas,  escritas en renglones desprolijos. Llover debiera poder conjugarse en primera persona y declinar tu pronombre en mi corazón. Las palabras se alborotan. La sintaxis se desordena. El verbo no alcanza. Los adjetivos son siempre subjetivos. Dicen que amor es un sustantivo abstracto y amar es una forma impersonal de ir amando sin ser amado. Somos oraciones unimbembres sin conjunción. Verbos temporales sin ninguna conjugación.